Con el inicio del triunfo revolucionario se abrió una nueva etapa en el sector de la construcción. Fueron creadas las microbrigadas y también otras dependencias que potenciaron la entrega de viviendas a miles de familias de la ciudad y el campo.

En La Habana, por solo mencionar un ejemplo revelador de esta política, florecieron comunidades como la de Alamar que contribuyó a satisfacer necesidades primordiales en un cuantioso número de habitantes, muchos de los cuales jamás habían conocido un hogar digno.

Foto: Joyme Cuan

No solo en la capital, sino en muchas otras partes del país, fueron promovidas acciones constructivas con la participación de especialistas y técnicos acompañados por trabajadores voluntarios convocados por sus respectivos sindicatos.

Se logró fortalecer un movimiento importante. Y a pesar de que no todo era perfecto por la incidencia de problemas con materiales y algunas cuestiones carentes de calidad que también se generaron, es justo reconocer que el impulso a este decisivo frente coadyuvó al bienestar del pueblo. Hasta los años 80 de la centuria pasada se palparon sustanciales avances en este frente.

El Período Especial fue el factor detonante en la paralización de cientos de obras, no solo de nuevos hogares en curso, sino también de industrias, estructuras socioeconómicas planificadas y otros elementos de interés estratégico que entonces prosperaban de manera paulatina.

A partir de las dos últimas décadas, y particularmente en la actualidad, se ha venido retomando esta política con múltiples matices para revitalizarla.
Los Contingentes, las brigadas multidisciplinarias de aseguramiento y apoyo al sector de la construcción siguen concibiendo frutos. Aunque sin dudas es aún insuficiente por las limitaciones económicas financieras existentes, a lo que se suma la creciente situación demográfica que presenta especialmente la Capital de Todos los Cubanos.

Alrededor de 2 millones de personas conviven hoy en esta urbe y puede constatarse un incremento poblacional importante. De ahí que los municipios continúen fomentando iniciativas y estimulando a los compatriotas en la medida de sus posibilidades a incorporarse a la reparación de viviendas, y a continuar con esfuerzos propios levantando novedosas construcciones.

Están también las grandes inversiones realizadas por el Estado para mejorar las condiciones de las escuelas, hospitales, policlínicos, Casas de Abuelos, fábricas, y otras obras de interés social que deben sustentarse.

Así mismo se impone producir más, continuar favoreciendo la atención al hombre en estas tareas, hasta lograr abaratar los costos de los materiales para viabilizar la faena, de por sí compleja y difícil para quienes la ejecutan.

Los aguerridos hombres y mujeres de los cascos blancos de la Isla tienen por su encomiable labor, el reconocimiento de la sociedad la cual está consciente de la prioridad de esta actividad para poder mejorar la calidad de vida de los cubanos.

El Día del Constructor que cada año se celebra el 5 de diciembre es fecha propicia para homenajear a los constructores del país, o a aquellos que se encuentren en misiones solidarias en otras tierras del mundo.

Aportar un granito de arena para erigir un mejor futuro de bienestar para el pueblo es hacer Revolución, pero también es mostrarles a los incrédulos que; Sí Se Puede, porque Somos Cuba.