Llegamos. La expectativa estaba por los cielos, pues hacía mucho tiempo que no visitaba el Parque Lenin. Como el día amenazaba lluvia, ni el sol ni las grandes aglomeraciones en las colas fueron un problema.

Compramos tickets en la primera taquilla, sin embargo, estos solo servían para dos aparatos. Cuestionable, pero organizado. Los encargados de cada atracción nos explicaron los detalles amablemente. Todo iba bien.

De las ofertas gastronómicas, al menos ese día, no tuvimos quejas. El refresco, de varios precios, estaba frío y había buena variedad de panes, confituras y cafeterías especializadas en pizzas, espaguetis y pollo frito, además de una heladería y paleticas muy baratas y de excelente calidad.

La decepción fue camino a los Carros Locos porque, al quedar en el otro extremo del parque, atravesamos la triste realidad de los aparatos rotos, abandonados o inexistentes. Para quienes van con niños pequeños, opciones como la Ruta Fija o el Coco Bote quedaron en el olvido y yacen víctimas de la corrosión.

Foto: Chelsea Del Sol
Foto: Chelsea Del Sol

Lamentable fue ver uno de mis preferidos, el Deslizador, el cual se sumerge en la maleza alta y con pocas oportunidades de revivir debido a su aparente abandono. Ojalá me equivoque.

Foto: Chelsea Del Sol

La Estrella, las Sillas Voladoras y Don Sapo tampoco funcionaban, sin embargo, no mostraban síntomas de enfermedad grave, por lo cual nos alegró pensar que solo necesitaban mantenimiento de rutina o tal vez ese día no habían ido los responsables de su funcionamiento. Fuimos optimistas.

Foto: Chelsea Del Sol

Lo “positivo” fue ver restos de los Delfines utilizados como asientos, porque así al menos se le dio utilidad a una atracción cuya muerte -al parecer- fue inevitable. Coincidimos además con un extinto ranchón, el cual deberían considerar reparar pues sería otra opción para la gastronomía.

Foto: Chelsea Del Sol

Al Columpio Gigante solo lo recuerdo roto y sufrí mucho al ver la deteriorada Ola -así le decíamos-, pues era uno de mis preferidos.

Foto: Chelsea Del Sol
Foto: Chelsea Del Sol

Sin embargo, lo peor de todo no fue ver el deplorable estado de algunos aparatos, sino enfrentarse a la desesperanzadora imagen de la Montaña Rusa y el Cosmonauta… de la primera solo quedan viejos asientos y el segundo se fue en viaje sin retorno al espacio.

Foto: Chelsea Del Sol
Foto: Chelsea Del Sol