Volaron de un tajo papeles rayados, restos de grafito y color atiborrados de parvos números, letras, toda la sabiduría que encierra su corta edad. Cambió su mochila y pañoleta por el trompo que tenía guardado para que reluzcan sus mejores piruetas en la acera. Como por arte de la divinidad se repletan los parques y esquinas de pequeños que jugando bolas reparten a pedazos su inocencia.

Culminó la etapa donde sus cortos pasos tomaban el camino del saber cada mañana. Un beso de la madre basta para transformar el calor del creciente verano en sueños de playa, diversión y nuevos amigos. Cada día un nuevo plan, hoy el circo, el siguiente los animales del Zoológico y el fin de semana se encuentran todas las ansias en la playa. Sella al final de cada jornada la mejor historia que un padre pueda leer antes que sus ojos se cierren a la madrugada.

En esta Isla de sal no cabe lugar para el aburrimiento o la inercia. En sendos diminutos retoños de hombre y mujer encuentras la dicha reflejada por el sol. Brotan estas letras con la certeza de que no existe en todo el Malecón espacio para desdichas cuando un niño o niña asoma sus cabellos para explorar el azul.

Toma de este verano cada instante y consérvalo luego en un bolsillo, cerca del corazón. Mezcla fruta fresca y dulces con los helados de Coppelia y una buena función de teatro. El viento se deleita acariciando las desesperadas gotas de sudor que brotan entre travesuras en la cuadra y películas de aventuras.