En el año 2014, los capitalinos celebraron la apertura de un paseo marítimo flotante en la Avenida del Puerto, a un costado del antiguo Almacén del Tabaco y la Madera, bajo el auspicio de la Oficina del Historiador de la Ciudad como parte del rediseño urbano de esa zona en saludo al 495 aniversario de La Habana.

Hoy, de todos los municipios llegan personas hasta el muelle para adentrarse en la bahía y disfrutar los paisajes de Regla con sus cúpulas plateadas, las casitas empinadas sobre la orilla de Casablanca y los buques que descansan en su gran cama de agua.

Allí, los amantes se besan, los niños juegan, los amigos se confiesan, porque acostumbrados a ser islas, cerca del mar es donde mejor se está.

Foto: Claudia Pis Guirola

Pero el muelle está roto; no quizás como tantas otras instalaciones a las que ojos ya acostumbrados parecen no prestar demasiada atención, pero varios de los componentes que conforman el tabloncillo han cedido a los que parecen ser los efectos corrosivos del salitre o al tránsito de los visitantes.

Y, ¡real maravilla!, en vez de encontrar señalizaciones de peligro cerca de los agujeros provocados para evitar posibles accidentes, sobre todo en horarios nocturnos, lo que es posible encontrar es a improvisados pescadores.

Similares a los esquimales, pescando sobre huecos en el hielo, estos, los nuestros, pasan horas apacibles a la espera de algún ¿pez? que pique el anzuelo.

Y hasta es probable que lo hayan conseguido; lo que aún no ha picado es la urgencia de arreglar las partes faltantes en la conciencia de quienes tienen a su cargo las acciones para la conservación de lo que costó trabajo y recursos materiales.

Foto: Claudia Pis Guirola

Este paseo flotante consta de tres componentes fundamentales: la balsa, o tanques de aire, encargada de ofrecer sostén a la estructura metálica, la que otorga firmeza y forma al muelle y por último, sobre ella, se extiende su parte transitable: el tabloncillo.

Fabricado con madera aglomerada con resina, según fue publicado en algunos medios locales, este es el componente que más afectaciones ha sufrido, y es posible advertir el deterioro en muchas de sus partes, anunciando próximas quebraduras.

Foto: Claudia Pis Guirola

El muelle flotante, como popularmente se conoce, ostenta 80 metros de longitud y fue ubicado en el mismo lugar donde un espigón en forma de T se adentraba en la bahía hace más de dos siglos.

Si su inauguración 5 años atrás significó un regalo para la ciudad en su 495 aniversario, sirva la reparación, en este 500, como reafirmación de que la obra comenzada en pos de su belleza y actualización, debe ser protegida y respetada.