Es tiempo de verano, vacaciones, disfrute… y pequeños, adolescentes y jóvenes desean pasarla bien y cargar pilas para el próximo curso. Algunos prefieren la playa, las fiestas, discos, los conciertos, pero otros, se inclinan por actividades recreativas más intensas y deportes muy atractivos con el empleo de patinetas que incluyen además, la ubicación de obstáculos para fomentar saltos a modo de adiestramiento en calles y avenidas de importante fluidez del transporte automotriz.

Estas disciplinas resultan sumamente peligrosas, no solo para quienes las ejercen, sino, además, para el tránsito en general de vehículos, equipos pesados, bicicletas y otros medios que circulan habitualmente por las arterias citadinas y que pueden derivar en lamentables accidentes.

Resulta preciso que los devotos de esta modalidad deportiva puedan hacerlo en lugares apropiados donde pueda acondicionárseles el suelo o pavimento con los requerimientos necesarios, incluyendo los obstáculos para el viable desempeño de las maniobras que prevén en sus ejercicios.

Quizás utilizar terrenos en desuso, o áreas abiertas que puedan existir en las localidades y que no interfieran el paso del transporte o de los peatones sería adecuado para que los muchachos puedan satisfacer sus preferencias, sin arriesgar sus vidas, ni interferir el tránsito en las comunidades.

De esa manera podremos prevenir y evitar lesiones a quienes lo practican y a aquellos que inevitablemente tienen que atravesar esos caminos y encuentran a su paso las improvisadas barreras que utilizan los patinadores.

Foto: Joyme Cuan

Las áreas deportivas y culturales de los municipios en coordinación con autoridades locales, podrían, quizás, valorar las posibilidades y recursos con que cuentan para apoyar estas prácticas que comienzan a expandirse en lugares de la capital, y que precisan de un ordenamiento.

No puede ser la calle el lugar apropiado. Lo mismo acontece con las denominadas chivichanas, empleadas desde antaño en los barrios por los pequeñines, pero no dejan de ser muy peligrosas en medio de la frecuente circulación del transporte.

Cuidemos a los pinos nuevos. Es responsabilidad de la familia y también de los ciudadanos velar porque crezcan saludables y con la educación formal que estos tiempos demandan.