Aunque desde el punto de vista del acumulado de agua en sus embalses, La Habana es la de peor situación entre las siete provincias que en todo el país tienen de conjunto un llenado total de sus presas inferior al 50 %, los especialistas aclaran que no es nada alarmante, pero a la vez aconsejan, además de sacar el paragua, cerrar bien las pilas.

Argelio Fernández Richelme, director de Hidrología e Hidrogeología del Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos (INRH) asegura que hemos dejado atrás una etapa seca con un comportamiento moderadamente favorable (diciembre-abril), en cuanto al régimen de precipitaciones, con 340 mm (102 % de la media histórica), lo cual si bien no representa mucha cantidad desde el punto de vista volumétrico, sí lo es para el período, lo cual favorece los posibles almacenamientos en el ciclo húmedo (mayo-noviembre), que afortunadamente, en opinión de los expertos, este año, debe manifestarse de manera halagüeña, con lluvias cercanas a lo normal o por encima.

El Complejo Coca-Zarza-Bacuranao, las principales represas que en la capital están vinculadas al consumo, tienen cubierto el 41 % de su capacidad total, lo que al decir Fernández Richelme, guarda correspondencia con el comportamiento estándar, no implica afectación en el suministro y deben subir con el agua por caer, de cumplirse los pronósticos.

En cuanto a los tres principales acuíferos subterráneos que entregan a la provincia, Almendares-Vento exhibe una situación desfavorable en descenso, mas no crítica, y todavía aportes de consideración. En los casos de Ariguanabo y Jaruco, ambas en estado normal con tendencia a la estabilidad, todas a la espera de los aguaceros que se vaticinan.

Y como cuando se habla de Madre natura, los pronósticos, pronósticos son; Argelio recomienda no hacer mucho caso a los rumores catastróficos, pero sí apretarse el cinturón y economizar el agua.