Foto: Habana Radio

El Castillo de la Real Fuerza fue la primera obra de su tipo erigida en América, preámbulo del vasto plan de fortificaciones que emprendió la Metrópoli en Cuba y en el área del Caribe con el objetivo de proteger la ciudad de los ataques de piratas.

Su construcción comenzó a finales de 1558 bajo la dirección del ingeniero Bartolomé Sánchez, para lo cual alquilaron esclavos. Decidieron enclavarla en el lugar que ocupaba la primera plaza de la villa, nombrada luego Plaza de Armas.

Se dice que Sánchez tuvo dificultades con los oficiales involucrados en los trabajos y que existían, además, problemas financieros y de fuerza laboral, por lo que es destituido y sustituido por el maestro de cantería Francisco Calona, quien culminó la obra 17 años después, aunque en 1588 se ejecutaron algunas ampliaciones.

Desde una vista aérea pudiéramos observar que su forma constituye un cuadrado perfecto de 30 m de lado, en cuyo centro posee un pequeño patio, con proporciones muy exactas, acorde a los modelos establecidos en el Renacimiento, basados en la regularidad, el orden y la perfección geométrica.

La fortaleza está rodeada por un amplio foso y se accede a su interior mediante un puente de madera.

Luego de su última restauración (2008), se le agregó otro puente de madera y cristal, que sustituye uno antiguo que no llegó hasta nuestros días.

Alrededor de 1632 le construyen la torre campanario, rematada por una veleta en forma de mujer llamada La Giraldilla. Esta es la obra escultórica, fundida en bronce, más antigua de Cuba, realizada por Jerónimo Martín Pinzón y es símbolo de la ciudad de La Habana.

A lo largo de la historia, este lugar tuvo diversos usos. Desde 1717 sirvió de morada a los Capitanes Generales hasta la invasión de La Habana por los ingleses en 1762. Después de la Guerra de los Diez años se convirtió en el cuartel del Cuerpo de Voluntarios de la capital. En 1899, el gobierno norteamericano ordenó trasladar hacia allí el Archivo Nacional que permaneció hasta 1906.

Foto: Habana Radio

Fungió como sede de la Biblioteca Nacional desde 1938 hasta 1957, cuando se traslada hacia el nuevo edificio de la Plaza Cívica, hoy Plaza de la Revolución. En 1963 se comienza a restaurar y dos años después la Comisión Nacional de Monumentos trasladó hacia allí sus oficinas. Después cede su espacio al Centro Nacional de Conservación, Restauración y Museología, mientras que en la planta baja se ubicó el Museo de Armas. Desde 1990 hasta 2005 que acogió al Museo Nacional de la Cerámica.

Actualmente, consta de diferentes salas en las cuales observamos armaduras y armas de la época, diversos objetos arqueológicos, entre otros. También se pueden conocer antecedentes de la navegación en el área geográfica del Caribe, la historia de las construcciones navales en Cuba desde el siglo XVII, una muestra de herramientas para trabajar la madera usadas por las comunidades aborígenes cubanas y los resultados de las investigaciones que en la isla se han acometido en el campo de la Arqueología Subacuática.

Desde octubre de 2008 es el Museo Castillo de la Real Fuerza, el cual que posibilita ampliar los conocimientos sobre una parte de nuestra historia.