En silencio, conscientes de un espacio realmente ya pasado, e incólumes al paso del tiempo permanecen los ángeles del cementerio. Unos manchados por la humedad que ha querido dejar la huella de la omisión y otros pulcros y pulidos por unas manos que a cada rato vuelven para demostrar sentimientos y dejar una flor.

Quizás entre ellos simulen mirarse, a nosotros, a los vivos nos descartan pues afanadamente se empeñan en la custodia, y quedan representados en su mayoría como imágenes mirando hacia abajo, vigilando a aquellos a quienes deben proteger, o bien hacia el frente, observando sus seguras potestades.

Escultóricamente los estilos varían en cuanto a tamaño y diseño, adjudicándosele cualidades divinas. El viento nunca anunciaría que puedan levantar el vuelo, porque hay secretos que en los camposantos así como en la Necrópolis Colón solo conservarán ellos, los ángeles guardianes del eterno reposo.