Exergo: (...) “Y no solo la Revolución preparó 2 500 maestros, sino que esos maestros han dado un resultado formidable (...) Y no solo como maestros, como maestros de los campesinos, sino también como maestros de los soldados del Ejército Rebelde, y como maestros de las Brigadas Juveniles de Trabajo Revolucionario”. (Fidel, el 23 de enero de 1961).

Foto: Alberto Borrego Ávila

Se emociona y no lo puede ocultar, aún vive para esa profesión que la inspira a continuar pese a los años...

Flora Belkis Lescaille Torres reta al tiempo, su cálida voz que ha enseñado a profesionales, técnicos y obreros, cuenta, sin temblor, cómo estuvo entre los primeros maestros voluntarios...

“En 1960, Fidel hizo un llamado principalmente a los jóvenes preuniversitarios para ir a trabajar en los lugares más difíciles del país; él planteaba la necesidad de que fueran como maestros y convivieran con los campesinos y así surgimos los maestros voluntarios.

“Inmediatamente llené mi planilla, y en el segundo Contingente subí a la Sierra Maestra. En el campamento de Minas del Frío, recibimos un curso de adiestramiento para trabajar como maestros primarios. Comenzamos, antes de que se lanzara la Campaña de Alfabetización. Nuestra labor consistía en visitar a los campesinos, y seguir con la alfabetización, ya iniciada en el Ejército Rebelde.

“Después de graduados en el curso de 3 meses, nos ubicaron en diferentes lugares, algunos muy inhóspitos e inaccesibles; a mí me destinaron a la Ciénaga de Zapata, cerca de Amarillas, allí me sorprendió la invasión, alfabetizando, de asesora técnica de 24 brigadistas.

Al nuevo llamado que hace el Comandante tras el asesinato de Conrado Benítez, y por el compromiso de terminar en un año la Campaña, acudieron muchos, de casi todas las edades hasta de 13 y 14 años. Era una experiencia única, una gran responsabilidad, en circunstancias duras, amenazados por grupos contrarrevolucionarios, ayudábamos a los campesinos en sus labores diarias, fabricábamos nuestras escuelas, dábamos clases y también asesorábamos a los brigadistas...

“Fuimos los primeros trabajadores sociales que tuvo la zona, vacunábamos a los niños, casábamos, inscribíamos, realizamos múltiples tareas.
“Una obra inmensa y bonita, a los niños más pequeños les dábamos clases por la mañana; por la tarde, de cuarto a sexto grados, y por la noche, alfabetizábamos.

“Les dábamos a los brigadistas las instrucciones que necesitaban, respondíamos por la vida de ellos, estábamos al tanto de ellos y de los campesinos...

“Cuando la invasión a Girón yo estaba en la granja Rubén Martínez Villena de la Ciénaga de Zapata, ¡y que no teníamos miedo! Claro que lo teníamos, veíamos a los paracaidistas caer, el ruido, las detonaciones de las armas...pero, inmediatamente nos evacuaron.

“Los maestros voluntarios estaban preparados mucho antes, éramos en verdad maestros, y la Campaña se realiza después en 1961, en un llamado a los más jóvenes... o sea la responsabilidad era mayor y debíamos ser guías y consejeros, cumplíamos, además, una función política.

“Al finalizar la Campaña los brigadistas le dicen a Fidel: ¡Fidel, Fidel, dinos qué otra cosa tenemos que hacer! Y, en realidad, teníamos mucho. De nuestras filas, en el año 1962, se crea la Brigada de Maestros de Vanguardia Frank País, para fortalecer y mantener el trabajo en las montañas... a mí me enviaron al Segundo Frente Oriental Frank País, para continuar con la Campaña de seguimiento, que se dividió en dos etapas: La batalla por el sexto grado y La batalla por el noveno grado.

“Así me mantuve durante los cinco años a que me había comprometido, estuve allá 7, en total, al cabo de ese tiempo vine para La Habana.
“Pasé por todas las enseñanzas, primaria, secundaria básica, técnica y profesional y preuniversitaria hasta la jubilación; pero cuando precisaron de maestros otra vez, abandoné el retiro y volví a las aulas.

“Nuestro Héroe Nacional José Martí dijo que ser maestro es una obra de infinito amor, es cierto, yo amo profundamente mi profesión y mientras tenga vida lo seguiré haciendo.”