Callejón de Hamel, en el coirazón de Cayo Hueso Foto: Raúl San Miguel

Desapolillando en la historia, los archivos alegan que el señor Fernando Belleau Hamel –ciudadano norteamericano de origen franco-alemán-  adquirió esos terrenos en la barriada de Cayo Hueso, a principios del siglo XX, para un negocio de fundición de metales, donde se mezclaron africanos y chinos como jornaleros y fueron, precisamente, estos ciudadanos quienes bautizaron la callejuela con uno de los apellidos del propietario que les permitió construir sus viviendas para garantizar la cercanía de sus obreros y el plus de su rendimiento durante las arduas faenas para licuar el metal.

En este espacio, actualmente, los ritos que se representan en las celebraciones, son acompañados de los patakines del panteón yorubá, dibujados y mezclados en otros pensamientos más contemporáneos de filósofos callejeros y académicos. Así puede valorarse, entre las pinturas murales y las esculturas que evocan el alma de la antigua fundición al tomar lo desechable y convertirlo en arte, funcional y servible, desde 1990.

Su fundador y principal impulsor, es el alma del callejón Foto: Raúl San Miguel

En sus declaraciones el propio artista de la plástica y fundador del proyecto, Salvador González Escalona, reconoce que no siempre encontró oídos receptivos, pero nada detuvo este lugar donde convergen todas las culturas de las naciones africanas con su epicentro en la Nganga del Palo Monte, en cada latido del corazón del centro de La Habana.

Desde ahora el ritmo de la percusión y los cantos del panteón Yorubá, trazan el derrotero Cuba, en la finísima estela de Tribuna de la Habana, en su viaje por el ciberespacio e invita a disfrutar, a bordo, de un recorrido en las más recientes imágenes tomadas cuando el ocaso se imponía con su fino encaje de ensueños para una noche de verano, el mismo día 20 de abril: aniversario de la publicación del poemario Motivos del son, de nuestro Poeta Nacional, Nicolás Guillén. Una invitación para quienes ya asisten al cumpleaños de Hamel en el municipio Centro Habana.

El arte afrocubano ha encontrado un espacio aquí Foto: Raúl San Miguel

“Aquí el que más fino sea,/ responde, si llamo yo./ Unos dicen: Ahora mismo,/ otros dicen: Allá voy./ Pero mi repique bronco,
pero mi profunda voz,/ convoca al negro y al blanco,/ que bailan el mismo son,
cueripardos y almiprietos/ más de sangre que de sol,/ pues quien por fuera no es de noche,/ por dentro ya oscureció./ Aquí el que más fino sea,/ responde, si llamo yo”.