La ciudad comienza su agitada vida entre los que se esfuerzan por subir al ómnibus, discuten los precios en el mercado agropecuario o se disponen a buscar un espacio para el recreo, los ejercicios y otros asuntos cotidianos.

Residentes y visitantes la observan y retienen, en esas imágenes que nos defienden de la nostalgia que a veces nos embriaga, para decir que La Habana es todos los días una ciudad distinta.

Si en la madrugada llovió, entonces se puede observar la humedad dibujando islas y continentes en las paredes de las fachadas de las casas y los edificios. El tema del día, por supuesto, girará en torno a la lluvia.

La Habana es una ciudad con muchos rostros en los cuales se refleja esta urbe y la certeza de que cada habitante tiene en su interior una Habana propia. Así lo confirma nuestro colega José Meriño, Tito: “Como fotógrafo quiero aportar un granito de arena a las celebraciones por los 500 años de La Habana”.

Y es que cada atardecer tiene un ocaso diferente para las distintas barriadas habaneras. Por ejemplo, en la zona de los litorales de la barriada de Miramar, en el municipio de Playa, son hermosos y solitarios; en cualquier punto del Nuevo Vedado, pueden resultar exclusivos; folklóricos o populares en la parte colonial de la ciudad (Habana Vieja) y así sucesivamente; pero todos tienen que ver con la temperatura ambiente que resulta determinante para los habaneros, incluso hasta el punto de hacer converger, a cientos de capitalinos, en el amplio balcón costero llamado malecón. (...)

No creo que exista una ciudad más temperamental que La Habana, capaz de sonreír en medio de la más grande tristeza, de las peores dificultades materiales que laceran la economía doméstica de sus residentes.

Un regalo en este aniversario 499 de celebraciones que conforman un pretexto para llegar al 500 y más allá, con estos fragmentos de versos de nuestro Poeta Nacional Nicolás Guillén.

La noche morada sueña /sobre el mar; / la voz de los pescadores/ mojada en el mar; / sale la luna chorreando/ del mar.

La entrada del Puerto de La Habana Foto: José Meriño (Tito)



Por entre la noche un son/ desemboca en la bahía; / por entre la noche un son. / Los barcos lo ven pasar, / por entre la noche un son,/ encendiendo el agua fría./ Por entre la noche un son,/ por entre la noche un son,/ por entre la noche un son. . .


Ay, mi mulata de oro fino, / ay, mi mulata/ de oro y plata, / con su amapola y su azahar, / al pie del mar hambriento y masculino, / al pie del mar.  (El negro mar).

Vista nocturna de la calle Paseo de Martí Foto: José Meriño (Tito)




Pasó una mulata de oro, / y yo la miré al pasar: Moño de seda en la nuca,/ bata de cristal, /niña de espalda reciente, tacón de reciente andar. (Agua del recuerdo).

Un día de bullicio en la capital Foto: José Meriño (Tito)




El árbol que verdece/ a cada primavera, / no es más feliz que yo,
de nuevo verdiflor. / Las amarillas hojas/ cayeron, y en mi tronco
vuelven los novios trémulos/ a entrelazar sus cifras,

Malecón del Vedado Foto: José Meriño (Tito)



…y hay corazones fijos/ por flechas traspasados, / vivos en esa muerte. / Cuando digo «te amo»,/ mi voz repite el viento/ y en mi alta copa juega/ con tu nombre y un pájaro/ hijo de abril y marzo. (El árbol)

(Fragmentos de poemas de Nicolás Guillén)